BUSQUEDA de vision

En la búsqueda de visión procuramos mantener espacios en los que las personas puedan llegar a conocerse, a través de la comparación con ellos mismos y con los demás, así como por medio del contacto directo con la naturaleza, en todos los lugares donde se encuentra la morada sagrada.

Se trata de un lugar en el que podemos abrir los ojos en la mañana, cuando el sol anuncia un nuevo día, para vivir el momento de la luz en la Tierra. Compartimos y vivimos la llegada de la noche con la misma intensidad, cuando el misterio y las estrellas nos guían en este viaje.

En esta búsqueda nos dirigimos hacia el templo o la montaña, que nuestros antepasados nos han heredado, así como la vigilancia de ellos. Vivimos teniendo en cuenta que el Gran Espíritu Creador reside en cualquier lugar, pero decidimos darnos un momento para salir al encuentro de las alturas de las montañas.

Desde el principio de los tiempos, nuestros antepasados supieron de la necesidad de tener una relación con la observación, la escucha directa y la posibilidad de ser guiados por un buen y claro propósito en nuestras vidas.

Hoy en día se reconoce que este ritual, uno de los más antiguos que se conservan en el mundo, se ha transmitido en varias formas, pero siempre pretendiendo que en sus manifestaciones se mantenga el propósito original.

Desde la antigüedad, en este diseño se decidió que los guías de un pueblo o una comunidad —los líderes de las personas inclinados a servir a sus propios pueblos para los regalos personales—, deben ayunar, por lo que se comprometen a guardar silencio y abstenerse de comer y de beber.

Nosotros, la familia del Fuego Sagrado de Itzachilatlan hemos heredado este ritual y hemos elaborado un compromiso y un acuerdo con nosotros mismos, que desarrollamos durante cuatro años y se plasma a continuación:

Primer año: rojo (este) – cuatro días

Segundo año: amarillo (sur) – siete días

Tercer año: negro (oeste) – nueve días

Cuarto año: blanco (norte) – trece días

La familia a la que pertenecemos está conformada por hombres, mujeres, niños y ancianos que nos proponemos vivir con la verdad, en una constante relación con nuestro pasado, nuestra memoria y nuestro futuro.

Nos esforzamos para recuperar el orden y la forma de vivir nuestras vidas de un modo acorde con lo que pensamos y queremos hacer, empezando a construir, en armonía con la naturaleza, nuestro ser y lo que nos rodea.

En la montaña comenzamos esta búsqueda de nuestro ser natural y original, capaz de sostener el frío, el calor, la lluvia, la tormenta, el viento y el silencio, un instante de la eternidad.

Al haber decidido embarcarnos en un viaje para seguir la palabra y el consejo de ancianos que ya han hecho el viaje, reconocemos que tenemos una manera propia de caminar. Pero somos conscientes de que en esta tierra hay muchos otros hombres y mujeres que han llegado a un conocimiento y una sabiduría similares a través de otras vías.

En el ayuno, abstenernos de beber y comer durante un tiempo, así como mantener silencio, nos brinda la oportunidad de meditar, con el fin de amplificar nuestros sentidos para recibir las instrucciones que estamos buscando.

De igual forma, el aislamiento y la soledad nos permiten entrar en un contacto íntimo con la naturaleza. Todas estas prácticas han sido perpetuadas por los seres humanos, en diversas culturas, desde la antigüedad.

La nuestra es una propuesta que hemos heredado de nuestros ancestros, y que hemos elegido para nosotros mismos y para las generaciones futuras. Esta forma, que nos despierta una profunda admiración, es nuestra Búsqueda de Visión.

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